La cadena de frío es vital para mantener la integridad de los productos sensibles a la temperatura, ya que incluso una ligera desviación de las condiciones óptimas puede provocar su deterioro y riesgos de seguridad. Al garantizar que los productos perecederos se mantengan de manera constante dentro de los rangos de temperatura requeridos, las empresas pueden mejorar la satisfacción de los clientes y reducir las pérdidas financieras asociadas con el desperdicio de productos. Además, una cadena de frío sólida puede mejorar el cumplimiento normativo y fomentar la confianza de los consumidores en la seguridad de alimento y productos farmacéuticos.
Por ejemplo, en el industria farmacéutica, una cadena de frío fiable es crucial para la distribución de vacunas que requieren un control estricto de la temperatura. Si las vacunas no se almacenan y transportan dentro del rango de temperatura especificado, pueden perder eficacia y poner en peligro los esfuerzos de salud pública y la credibilidad de la empresa distribuidora.